En una habitación secreta sin ventanas del  hotel Westin St. Francis de San Francisco, un empleado practica una tradición desde la década de 1930: limpiar las monedas del hotel.

Tres veces a la semana Rob Holsen jabona, enjuaga, seca y pule las monedas que reciben los outlets del hotel (recepción, los restaurantes, etc) y los enrolla en rollos de papel. Es, tal vez, el único limpiador de monedas a sueldo de la Tierra. Lo ha estado haciendo al menos durante 20 años.

La historia detrás de por qué limpiar las monedas

El hotel comenzó lavando sus monedas en 1934, cuando el gerente general notó que los guantes blancos de una mujer se ensuciaban con ellas. En aquella época apenas se utilizaban billetes en los restaurantes del hotel, para dar propinas y prácticamente para todo lo habitual era utilizar monedas. Ahora, casi 80 años después, la tradición de limpiar las monedas ha sobrevivido en el tiempo.

Actualmente es probable que el St Francis sea el único hotel en el mundo que limpie las monedas como cortesía para los huéspedes que se alojan en él.

31 años limpiando monedas

Arnold Batliner es el limpiador de monedas más afamado del St. Francis. Batliner, un empleado ejemplar y muy querido se ganó un día de reconocimiento del Alcalde de San Francisco, Frank Jordan, en su jubilación en 1993. Estuvo en ese trabajo de limpiador de monedas durante 31 años. Batliner murió en 1995, pero es una tradición en el hotel que, a las 11 a.m. del día de su cumpleaños, los empleados se reúnan en el comedor de personal con champaña y pastel. Se podría calcular que Batliner probablemente limpió 14 millones de dólares en toda su carrera.

La oficina donde se lavan las monedas se conoce entre los empleados como “La Oficina de Arnold”, y actualmente la persona que tiene ese cargo se llama Rob Holsen.

Cómo lo hacen

El lobby del St. Francis antiguamente disponía de numerosas cabinas telefónicas y en los pisos una variedad de máquinas expendedoras de refrescos. Hoy en día, las máquinas de refrescos han desaparecido y los teléfonos se han vuelto obsoletos, por lo que entra muchísimo menos dinero al establecimiento.

Batliner tenía un trabajo a tiempo completo, mientras que Holsen actualmente sólo dedica 10 horas semanales a limpiar las monedas.

La mayor parte de las monedas que Holsen limpia provienen de la recepción y los restaurantes del hotel. El proceso de lavado dura alrededor de siete horas.

En primer lugar las monedas se ordenan por denominación y a continuación se meten unas monedas en una máquina de lavado con una mezcla de perdigones, jabón y agua.

Después de que las monedas se secan, Holsen hace rollos de monedas con papel y los pone de nuevo en circulación.

Holsen ha estado trabajando en el hotel por 30 años, de los cuales 20 han sido como limpiador de monedas. Él calcula que por sus manos han pasado 1.5 millones de dólares en monedas.

Por razones de seguridad, Holsen tiene que pasar por cuatro puntos de seguridad para llegar a la sala de lavado de monedas. En el último punto se abre “la puerta mágica”. Incluso la mayoría de los empleados del hotel no saben donde está la sala.

Aunque los guantes blancos no son tan populares como lo fueron en 1934, Holsen admite que es un placer continuar con la tradición. “Es algo así como los teleféricos”. “Ellos realmente no funcionan en el siglo 21, pero todavía están allí y siguen siendo una fuente de orgullo para la ciudad.”

Holsen también aconseja a los aspirantes a limpiadores de monedas a olvidarse de encontrar un empleo. “Este es el único que hay en el mundo, por lo que está ocupado (por mi) y no van a conseguirlo.”